| | GT: | 22 | | Grupo de Trabajo : | Trabajo, territorios e identidades en la agricultura latinoamericana globalizada | | Coordenadores: | Guillermo Neiman J. Salete Cavalcanti Luciano Martínez Valle
| | Instituciones: | CONICET y FLACSO Univ. Fed. de Pernambuco e CNPq FLACSO
| | Paises: | Argentina Brasil Ecuador | | Resumen: | Durante los últimos años pocos han dejado de reconocer la existencia de un amplio proceso de reestructuración que estaría afectando al medio rural en general y a la agricultura en particular, incluyendo algunos de sus parámetros clásicos asociados a la organización de la producción y del trabajo. Se acepta que las funciones del medio rural se modifican así como la posición que ocupa la agricultura en relación a otras ramas de actividad y su posición en la sociedad en su conjunto. El proceso de “globalización” actúa como condición pero también señala las posibilidades y restricciones de esos procesos. La globalización de la agricultura constituye el marco general en el que se analiza la emergencia de cambios en las formas de trabajo y producción, en los usos y configuraciones territoriales y, a veces como consecuencia de lo anterior, en las identidades de actores antiguos y reestructurados del medio rural latinoamericano. En la interpretación de este proceso, la literatura muestra visiones rupturistas junto con otras que enfatizan la continuidad en las tendencias clásicas de modernización sectorial; están las que apelan más al contexto – político, societal, económico - como motor de los cambios y las que insisten en las capacidades y estrategias propias de actores e instituciones del medio como modeladoras del cambio; las explicaciones que miran la evolución de la actividad en su conjunto frente a otras centradas en el análisis de producciones particulares; también se argumenta sobre el carácter “espacial” antes que productivo de los contenidos y las orientaciones de esa reestructuración. Es posible identificar un interés convergente que trata, en última instancia, de desentrañar cómo un complejo interjuego de múltiples factores, han llevado al estado actual de la producción, el trabajo y la organización social de la agricultura en diferentes países y regiones del mundo. En el centro del debate se ubica la discusión sobre la inevitabilidad de los cambios, su carácter transicional y sus condiciones y efectos más amplios que provoca. La territorialidad de estos cambios se ha convertido en una perspectiva de análisis y en una vía de entrada fértil para interpretar los alcances, condiciones y posibilidades de las transformaciones en curso. Asimismo se ha convertido en un enfoque particularmente interesante para incorporar al análisis una mirada que privilegie la presencia de distintas articulaciones tales como global/local, rural/urbano, agrario/no agrario, sobre las que parece construirse un conjunto de fenómenos “nuevos” para el medio rural latinoamericano. Así, los procesos que se definen como locales se expresan en territorios y actores con distintos tipos de interacción promovidos por la creatividad con que se insertan en un orden social más amplio. Por sus peculiaridades originadas en razones históricas y sociales se distinguen en sus trayectorias tornando visibles las estrategias desplegadas por los diferentes actores para competir en un renovado campo de fuerzas generado por los procesos de globalización. Los nuevos usos asignados a los espacios rurales generan nuevas oportunidades para la inversión de capital y la valorización del mismo. Así, se mercantiliza el espacio rural e inclusive –en algún sentido- de las formas de vida que se considera que éste puede brindar. En este contexto, las acciones de los actores, tanto globales como locales, resultan centrales para entender los procesos de reestructuración y sus resultados. Estos procesos no son el resultado de tendencias armónicas sino que surgen de situaciones desiguales y conflictivas que en muchas ocasiones puede enfrentar a actores e intereses de diferente índole. Esta diversificación de usos y representaciones del medio rural, suma a las clásicas identidades sectoriales otras de carácter novedoso, como por ejemplo las vinculadas a condiciones ambientales, de seguridad alimentaria, y a los estilos de vida “rural”. En esta línea, por último, la construcción de nuevas identidades parece ser un correlato más o menos directo de esas transformaciones aunque su construcción es el resultado de un proceso mucho más complejo en el que intervienen circunstancias históricas y las propias prácticas de los actores involucrados incluyendo estrategias de adaptación y de resistencia; en este sentido, el componente político también pasa a constituirse en un componente importante de estas transformaciones del mundo rural latinoamericano.
| | Descripcion detallada: | Durante los últimos años pocos han dejado de reconocer la existencia de un amplio proceso de reestructuración que estaría afectando al medio rural en general y a la agricultura en particular, incluyendo algunos de sus parámetros clásicos asociados a la organización de la producción y del trabajo. Se acepta que las funciones del medio rural se modifican así como la posición que ocupa la agricultura en relación a otras ramas de actividad y su posición en la sociedad en su conjunto. El proceso de “globalización” actúa como condición pero también señala las posibilidades y restricciones de esos procesos. La globalización de la agricultura constituye el marco general en el que se analiza la emergencia de cambios en las formas de trabajo y producción, en los usos y configuraciones territoriales y, a veces como consecuencia de lo anterior, en las identidades de actores antiguos y reestructurados del medio rural latinoamericano. En la interpretación de este proceso, la literatura muestra visiones rupturistas junto con otras que enfatizan la continuidad en las tendencias clásicas de modernización sectorial; están las que apelan más al contexto – político, societal, económico - como motor de los cambios y las que insisten en las capacidades y estrategias propias de actores e instituciones del medio como modeladoras del cambio; las explicaciones que miran la evolución de la actividad en su conjunto frente a otras centradas en el análisis de producciones particulares; también se argumenta sobre el carácter “espacial” antes que productivo de los contenidos y las orientaciones de esa reestructuración. Es posible identificar un interés convergente que trata, en última instancia, de desentrañar cómo un complejo interjuego de múltiples factores, han llevado al estado actual de la producción, el trabajo y la organización social de la agricultura en diferentes países y regiones del mundo. En el centro del debate se ubica la discusión sobre la inevitabilidad de los cambios, su carácter transicional y sus condiciones y efectos más amplios que provoca. La territorialidad de estos cambios se ha convertido en una perspectiva de análisis y en una vía de entrada fértil para interpretar los alcances, condiciones y posibilidades de las transformaciones en curso. Asimismo se ha convertido en un enfoque particularmente interesante para incorporar al análisis una mirada que privilegie la presencia de distintas articulaciones tales como global/local, rural/urbano, agrario/no agrario, sobre las que parece construirse un conjunto de fenómenos “nuevos” para el medio rural latinoamericano. Así, los procesos que se definen como locales se expresan en territorios y actores con distintos tipos de interacción promovidos por la creatividad con que se insertan en un orden social más amplio. Por sus peculiaridades originadas en razones históricas y sociales se distinguen en sus trayectorias tornando visibles las estrategias desplegadas por los diferentes actores para competir en un renovado campo de fuerzas generado por los procesos de globalización. Los nuevos usos asignados a los espacios rurales generan nuevas oportunidades para la inversión de capital y la valorización del mismo. Así, se mercantiliza el espacio rural e inclusive –en algún sentido- de las formas de vida que se considera que éste puede brindar. En este contexto, las acciones de los actores, tanto globales como locales, resultan centrales para entender los procesos de reestructuración y sus resultados. Estos procesos no son el resultado de tendencias armónicas sino que surgen de situaciones desiguales y conflictivas que en muchas ocasiones puede enfrentar a actores e intereses de diferente índole. Esta diversificación de usos y representaciones del medio rural, suma a las clásicas identidades sectoriales otras de carácter novedoso, como por ejemplo las vinculadas a condiciones ambientales, de seguridad alimentaria, y a los estilos de vida “rural”. En esta línea, por último, la construcción de nuevas identidades parece ser un correlato más o menos directo de esas transformaciones aunque su construcción es el resultado de un proceso mucho más complejo en el que intervienen circunstancias históricas y las propias prácticas de los actores involucrados incluyendo estrategias de adaptación y de resistencia; en este sentido, el componente político también pasa a constituirse en un componente importante de estas transformaciones del mundo rural latinoamericano.
|
|
|