| | GT: | 6 | | Grupo de Trabajo : | Desafios de la extension rural em America Latina | | Coordenadores: | Sheila Maria Doula Nora P. Amodeo Virginia Rossi
| | Instituciones: | Univ. Federal de Viçosa Univ. Federal de Viçosa Universidad de la Republica
| | Paises: | Brasil Uruguay | | Resumen: | Las políticas de extensión se están re-orientando en los países latinoamericanos debido a la emergencia de nuevos proyectos políticos, nuevos actores sociales y nuevas formas de organización rural. La propuesta del GT es discutir las articulaciones resultantes de estas nuevas configuraciones y cómo la extensión rural se reformula presentando respuestas diferentes para estos desafíos y para el cambio de perfil y de habilidades necesarias del profesional extensionista. | | Descripcion detallada: | El modelo de desarrollo implementado en América Latina, en la última parte del siglo XX, no consiguió solucionar la desigualdad, ni la pobreza, ni mejorar la calidad de vida de la mayoría de la población. A pesar de este marco desfavorable, emergen y se consolidan procesos democráticos en el continente, así como movimientos sociales y redes regionales, nacionales e internacionales de una gran envergadura. Cada vez queda más claro, tanto a nivel académico como político, que el modelo anterior ha fracasado y que es necesario buscar nuevas formas de organización socioeconómica, de relacionamiento entre los distintos actores, caminando hacia la construcción de un nuevo modelo de desarrollo más equitativo, más justo y más cuidadoso del ambiente. Notan-se cambios en la orientación de los nuevos gobiernos que expresan la voluntad política de intervenir a favor de los sectores sociales más desfavorecidos, para lo cual nuevos paradigmas de desarrollo comienzan a ser elaborados e experimentados. Como resultado de ese proceso, los servicios de extensión sufrieron diferentes transformaciones en los distintos países. Existen - y a veces coexisten en un mismo país - una enorme gama de formatos institucionales y de marcos conceptuales de trabajo diferenciados: desde los modelos tradicionales lineales de “arriba hacia abajo” típicos de la Revolución Verde, hasta nuevos dispositivos organizacionales de investigación-acción, que pretenden viabilizar la interacción y concertación entre actores para la co-participación en la construcción de conocimiento. Los paradigmas de desarrollo contemporáneo, que focalizan en el desarrollo territorial, rescatan la naturaleza educativa y la dimensión social de la extensión, apuntando así al desarrollo de capacidades en las personas para que sean actores de su propio proceso de desarrollo y, a través de la acción social, pasar de una situación de objetos a sujetos. En ese marco, se configura un nuevo rol para los técnicos extensionistas, como articuladores de los espacios de diálogo y negociación de los territorios y como facilitadores de un necesario encuentro entre culturas. Eso requiere transitar una etapa de diálogo y aprendizaje técnica, política y cultural, a los efectos de montar nuevos dispositivos organizacionales que contribuyan para una más democrática y eficaz apropiación de las políticas públicas aplicadas a los distintos sectores del mundo rural. La presencia de actores locales fuertes en los territorios y de comunidades rurales organizadas pasa a ser un objetivo y no sólo una herramienta de las políticas públicas, para evitar caer en la trampa productivista y economicista del pasado. La articulación de actores se constituye por tanto en una actividad fundamental para los extensionistas, quienes pasan a tener un rol también en el diseño y la aplicación de políticas. Para eso es necesario propiciar la generación de espacios de encuentro y diálogo, a diferentes niveles y con actores que de distinta jerarquía. Pero para este trabajo en red algunos autores señalan que se requiere la presencia de enredadores que, en base a las necesidades e intereses específicos de los distintos actores, aseguren el diálogo y el relacionamiento horizontal entre los participantes. El extensionista se convierte así en mediador también en otros ámbitos de la dinámica de la población rural, no sólo en los económicos, ni focalizando estrictamente en los agropecuarios. El nuevo mecanismo así propuesto presupone la existencia de actores locales, pero su constitución no siempre es previa a la aplicación de políticas sino que, muchas veces, debe ser durante un buen tiempo motivo principal de la labor del extensionista que se convierte en el articulador local por excelencia - pertenezca éste al ámbito público o privado, de una agencia o servicio de extensión, o a organizaciones de diversa naturaleza e objetivos. En esa misma línea, la concertación entre racionalidades diferentes supone al mismo tiempo el mantenimiento de cada diferencia y la elaboración de los consensos que permitan acciones locales para el desarrollo. Alcanzar este tipo de metas supone impulsar la generación de ámbitos interinstitucionales que permitan canalizar las iniciativas de concertación que surjan entre los diferentes actores. Por todo eso, es fundamental e impostergable discutir los nuevos papeles de los extensionistas en América Latina.
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